Boda estilo colonial en Hacienda San Pancho con Ana y Alejandro

    Hay días en la vida que no se olvidan. La boda de Ana y Alejandro fue uno de esos por dos razones: mi estado de cansancio y la ubicación del evento.
    Empezaré con lo personal. El día anterior, tuve otro evento con alrededor de doce horas de cobertura y una noche muy corta. Normalmente, necesito de uno a dos días para de una boda. Durante una boda, creo que me desgasto más que un atleta corriendo un maraton.

    Desde que se firmó el contrato, y mientras los novios se preparan con su evento con toda la ansiedad que representa para ellos, yo de mi lado, en secreto, mi nivel de ansiedad se podía comparar el suyo en todos los niveles. Tener dos coberturas completa en dos días consecutivos, era más que un reto, era un calvario al horizonte. Sin embargo, pocas bodas me han dejado ser tan productivo, creativo, hasta dejarme satisfecho como nunca, hasta dejarme con ganas no tanto de dos bodas en dos días consecutivos, pero más bien, regresar en esa hermosa locación, y ahí es donde dedicare mi texto, a esa segunda razón que me hizo apreciar tanto ese día.

    Hacienda San Pancho es un lugar encantador, que llamaría una hacienda neocolonial, construida respetando la arquitectura tradicional. Dentro de sus corredores y áreas uno puede pasearse entre esculturas y fotografías contemporáneas, olvidándose un poco la jungla, la playa, donde las inevitables palmeras aparecen siempre en fundo de las fotografías. No que tengo algo en contra de las palmeras, pero que buen gusto tener algo diferente en nuestra área, algo artístico que inspira a ser creativo. Siento que podría regresar en esa locación y siempre tener ideas innovadoras, existen tantos elementos para jugar con el panorama o los del propio desarrollo arquitectónico. Recomiendo ampliamente esa locación, sin duda, una de las mejores de la región.